Un buen educador necesita conciencia, conocimientos y pedagogía

 

1. El maestro es también un escolarizado con objetivos y programas elaborados por la clase dominante. Sin embargo, al escoger ese trabajo, demuestra un principio de sensibilidad humana. Me pregunto: ¿Será que los maestros, las enfermeras, los médicos, las y los servidores sociales, incluso los curas, por ese trabajo de trato directo muy específico, con niños, jóvenes, seres humanos, se hagan más sensibles que los demás trabajadores? En las escuelas Normales se enseña pedagogía, didáctica, historia, filosofía, sociología, deportes y demás materias donde el centro de la enseñanza es provocar el cambio sustancial o accidental en un ser humano, sacar “una fórmula de la potencia de la materia”.

2. Equivocadamente se ha orientado a los maestros como dadores de conocimientos, sobre todo como “correas de transmisión” de las ideas y programas elaborados por la clase dominante para seguir controlando a los de abajo. El maestro no es un transmisor de conocimientos sino un facilitador de métodos para cuestionarse, buscar, investigar y llegar a los conocimientos. En las escuelas no se imparten los “conocimiento verdaderos” (porque en última instancia la verdad no existe) sino que mediante la pedagogía, la sicología, la didáctica, se busca abrir la mente, la inteligencia de los participantes para que en conjunto se busquen las ideas que pueden acercarse a eso que llaman “verdad”.

3. Se puede estudiar otra carrera: abogado, ingeniero, médico, pero para enseñar se necesita conciencia y voluntad para abrir el pensamiento de los demás. Lo que sucede en México es que para aprender también se requieren condiciones: la alimentación necesaria, un ambiente de aprendizaje en el hogar, saber para qué se estudia y sentir la necesidad de ello. Ya lo decía Paolo Freire: “no se trata de depositar conocimientos en la cabecita de los estudiantes como depósitos bancarios, sino de construir juntos (“maestros” y “alumnos”) los conocimientos que se necesitan”. El maestros el más “sabio” cuando provoca el deseo permanente de aprender y de ser críticos ante el mundo que nos rodea.

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