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Educar desde la consciencia

Perla Karen Bruno Vázquez

Escuela Normal de Ecatepec

La acelerada evolución científico-tecnológica de los dos últimos siglos unida a la constatación empírica de que los recursos del planeta sin limitados ha generado en las sociedades modernas movimientos filosóficos, sociales, políticos, científicos y pedagógicos de preocupación por las condiciones básicas de nuestra existencia; y a la vez, actitudes de alerta y expectación popular hacia la evolución de estos acontecimientos y problemáticas ambientales.

La actualidad de la reflexión ecológica nos está obligando hoy en día a los educadores a implicarnos en debates éticos que afectan muy de lleno al campo de la formación de los futuros ciudadanos, a reconvertir nuestras metodologías de trabajo y ajustarlas a unos modelos de formación encaminados a fomentar actitudes respetuosas con la naturaleza y adoptar posturas críticas de marcada trascendencia para la vida cotidiana y el entorno que nos rodea.

Supone la puerta abierta a nuevos programas de transversalidad social entre la escuela y el entorno.

NATURALEZA:

MEDIO AMBIENTE: “El concepto de medio ambiente debe abarcar el medio social y cultural y no sólo el medio físico, por lo que los análisis que se efectúen deben tomar en consideración las interrelaciones entre el medio natural, sus componentes biológicos y sociales y también los factores culturales. Además, los problemas ambientales no son únicamente los que se derivan del aprovechamiento perjudicial o irracional de los recursos naturales y loa que se originan en la contaminación, sino que abarcan problemas derivados del subdesarrollo tales como la insuficiencia en materia de viviendas y abrigo, las malas condiciones sanitarias, la desnutrición, las prácticas defectuosas en materia de administración y producción y, en general, todos los problemas que se derivan de la pobreza. Comprenden también las cuestiones de la protección de los patrimonios cultural e histórico…esta razón aboga una vez más en favor de un enfoque integral en lo que atañe al estudio de los problemas ambientales, a cuya solución deben contribuir todas las ciencias naturales, sociales y humanas, y las artes, para su análisis y solución.” (UNESCO, 1997)

MEDIO AMBIENTE NATURAL: El conjunto de seres vivos (animales y vegetales) y de sus medios de vida constituye el medio ambiente natural o biológico, conceptualizados en los términos de biocenosis y biotopo respectivamente. Cada biotopo consta, a su vez, de dos ingredientes básicos: un sustrato (agua, aire o tierra) y una colección de factores ambientales (temperatura, iluminación, humedad…). Al conjunto formado por una biocentosis* y sus biotipos* correspondientes se le ha denominado “ecosistema”, en cuanto, “disposición de organismos” vivos de su medio en un sistema de acción recíproca y que, a su vez, es fruto de una serie de interacciones: interacciones en el seno de los dominios vegetal y animal, influencia recíproca de estos dos reinos, así como de los organismos vivos y del medio” (GIOLITTO, 1984). Las relaciones específicas de alimentación y consumo establecidas entre uno y otro reino se han denominado cadenas tróficas, y el estudio bioquímico y energético de las mismas ha sido posible gracias a la noción de ciclo natural.

EL MEDIO AMBIENTE HISTÓRICO: Está constituido por el conjunto de patrones que a lo largo de la historia ha desplegado el individuo en su interacción colectiva con los lugares que le rodean; dejando constancia de ello  través de los vestigios y testimonios heredados de las grandes civilizaciones que han poblado el planeta. La persistente actividad del ser humano desde los comienzos de su hominización se inscribe en el pasado como un ejercicio constante de intervención sobre su entorno, y de transformación del espacio. Esta huella es especialmente relevante en aquellos entornos artificiales de tipo rural o urbano en que la sublimación de lo natural frente a la creación humana ha sido total, sobre todo en el advenimiento de la revolución industrial, en la que la creciente extensión de las ciudades, la proliferación de nuevas vías de comunicación en espacios naturales, así como el impacto generado por los vertidos industriales han transformado desordenadamente en unos casos y meticulosamente en otros, los rasgos primigenios* de nuestro habitad. La historia de la humanidad es la historia de la utilización del entorno ambiental según FOLCH (1990). Todos los recursos materiales usados por el ser humano provienen del medio, el progreso de la humanidad ha entrañado necesariamente la transformación del medio ambiente. La sociedad industrial es, hasta el momento presente, el estadio más avanzado de esta progresión humana. “Pero la sociedad industrial actual no es el techo máximo a que podemos aspirar, pues incurre en serios errores de gestión ecológica”.

EL MEDIO AMBIENTE SOCIO-CULTURAL: El ser humano, en cuanto ser social, integrado en sistemas de producción, consumo y ocio, requiere de los demás individuos de su especie para sobrevivir; los demás, naturalmente, forman parte de su ambiente cotidiano, con ellos se relaciona, se organiza, discute, se recrea y se educa. La cultura es “el eslabón adaptativo que permite a una población humana concreta, en un tiempo histórico y en un espacio concreto, adaptarse a las condiciones ecológicas del entorno con el fin de garantizar su subsistencia. Más aún, la cultura como respuesta adaptativa, y el contexto ecológico como espacio de interdependencias”. (MEIRA, 1991). El ser humano, en cuanto a ser biológico que habita un medio ambiente natural, disfruta de un legado histórico y comparte una tradición socio-cultural, forma parte de los ecosistemas naturales y sociales en los que habita, siendo el organismo vivo de mayor movilidad y extensión de toda la biosfera. El mayor peligro para el individuo de hoy, reside en que ha adquirido una potencia tecnológica que le permite romper algunos equilibrios necesarios para su supervivencia. “La metrópolis en que vivimos hoy es tan grande como el planeta. Los desequilibrios de una son los de la otra metrópolis y planeta se encuentran unidos en un mismo metabolismo, un sistema eco-tecnológico integrado dentro del cual circulan grandes flujos de materia, energía e información” (MANZINI, 1992).

Hoy, existen argumentos más que sobrados para que revisemos nuestros modelos de relación con la naturaleza.

Las condiciones de vida limitan las posibilidades de supervivencia de los individuos.

“Es preciso enriquecer la visión del medio ampliando la consideración de los problemas ambientales con el recurso a enfoques propios de otras disciplinas” Novo (1986)

Ver a la Ecología desde una perspectiva pedagógica.

PERSPECTIVA PEDAGÓGICA: Desde su nacimiento, el individuo interactúa con un entorno físico y cultural en el que constituye sus aprendizajes de una forma ordenada y sistemática o bien de un modo espontaneo y libre. En cualquier caso, la maduración física, social y mental del sujeto responde necesariamente a un proceso de interacción prolongada con el ambiente inmediato.  El medio natural y humano se convierte desde la Pedagogía en una fuente inagotable de recursos didácticos vivos donde los alumnos investigan activamente según unos objetos predefinidos de antemano. También la Pedagogía planifica procesos de intervención educativa con fines meramente ambientales, destinados a proteger, conservar y respetar activamente las fuentes de riqueza y bienestar que nos proporciona el mismo.

MODELO AMBIENTALISTA: Su objetivo básico se orienta a renovar los contenidos de la enseñanza, con el propósito de incorporar al proceso educativo aspectos relevantes de la problemática ambiental, con la idea de fomentar en los educandos actitudes conservacionistas y de protección medio-ambiental. En su seno, no se concibe un objetivo de mayor alcance que no sea el de la interacción del sujeto con una realidad problemática ante la que debe tomar partido, buscar soluciones viables y comprometerse activamente. Queda reglada a un segundo plano la renovación metodológica, conceptual o axiológica de la educación. El móvil principal es la naturaleza en sí misma; las estrategias educativas son un pretexto al servicio de las ideas conservacionistas sobre el medio ambiente.

 “Muchas de las utopías del siglo XX parecen haber primado considerablemente el presente y presuponiendo que los problemas actuales habrán desaparecido de aquí a algunos años…La utopía y la ciencia ficción parecen seguir inmersas en el optimismo tecnológico-productivista. El mito del progreso parece, pese a algunas erosiones importantes aventajar al mito de la caída” (GRASSA, 1984)

“No son tiempos en los que se pueda volver a proponer un sistema de valores universales ciertos, estables y por ello tranquilizantes. Pero sí es posible y necesario adoptar algunas líneas de referencia. En un mundo cuyo presente nos muestra tantos sufrimientos y entre cuyos destinos posibles, están las explosiones nucleares y el desastre ambiental, una primera línea de referencia resulta evidente de inmediato, y se expresa en los valores de justicia social, de la democracia, de la paz y del respeto por la naturaleza…la tendencia es la de deslizarse hacia el particularismo y la indiferencia”.

En educación, sin utopía no hay proyectos claros de futuro, ideas renovadoras, planes de cambio, transformación y reforma. Nadie puede dudar del protagonismo que adquiere el factor educativo ante los cambios de rumbo en lo social, lo político o lo científico a lo largo de todas las épocas. Siendo además estos momentos los idóneos para la creación utópica y la estratégia metópica.

Para obtener información de contacto de los autores, favor de escribir a info@transformacion-educativa.com.